Soñaba con ser organista en una catedral; tal vez una catedral muy menor, de segunda, incluso el suplente del organista oficial, y soñar allí, sobre el órgano, melodías imposibles, nuevas, únicas; dejar volar la imaginación y la creatividad y el talento sobre las teclas y los registros, tal vez para mí solo, en la fábrica vacía y resonante, o llena de dos viejas y su silencio bisbiseante, en penumbra, y convertirme en cantata y ser libre al fin...
De repente me di cuenta de que eso ya lo había soñado Bach, y también la extrema pobrez, y los 20 hijos, y la mujer, y la fe inmensa como un a cordillera nevada al amanecer. Y tal vez esa ase la clave.
No hay comentarios:
Publicar un comentario