<>Pues bien: el dichoso caballo negro, que es un poco díscolo, tira más de la cuenta y hace que el carro se salga de su perfecta órbita bienaventurada, y el alma, el carro alado, viene a caer a este mundo y queda prisionera en este torpe cuerpo nuestro, en la limitada materia. Y para volver al lugar que le corresponde el alma debe sacar de sí lo que ya tiene dentro: el recuerdo de la Idea de Bien, su poso divino, de modo que pueda, nuevamente, elevarse a los cielos y recuperar la felicidad.
<>El propio Platón nos presenta esta imagen como eso: como una metáfora. Así que no hagas caso a los que dicen que para Platón la materia es mala… Lo que Platón está diciendo, creo yo, es que hay realidades más altas que las materiales; que el placer material inmediato supone una pérdida de libertad si no está en armonía con la unidad que somos, con todas nuestras dimensiones, si no está gobernada por la razón. Y además, Platón nos cuenta que nuestro lugar es la felicidad eterna de la contemplación —intelectual— del Bien en Sí Mismo. Ahí es nada, que diría un castizo.
[1] Miguel Pérez de Laborda denomina así al maestro de Platón, Sócrates. En este sentido, no está de más llamar al más sabio de los discípulos de Sócrates el segundo más sabio de los atenienses, si no es más sabio el discípulo del maestro. M. Pérez de Laborda, El más sabio de los atenienses: vida y muerte de Sócrates, maestro del filosofar, Rialp, Madrid, 2000.
1 comentario:
Siempre me gustó a mí el chico éste: el segundo más sabio y también el primero, el maesto. lo tenía yo un tantido olvidado deasde que me han apartado de las altas esferas del Bac. Me has dado la oportunidad de retomarlo y sacarle un poco el juguillo.Gracias
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