Por fin han aparecido las gafas del profesor Dumbeldore —que por cierto, son de mi abuela, que se las presta al sabio e insigne mago—. Estaban —las gafas— en mi coche, en el hueco ése que suele haber en las puertas, abajo, para dejar el mapa o los cedeses. Se conoce que se había dejado allí las gafas Dumbeldore cuando le llevamos a tomar cuajada a la Ulzama, para aprovechar y hablar allí, al calor de la chimenea y ante el panorama de las hayas y los robles en el esplendor del otoño, de la remodelación de los planes de estudio en el Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería. La famosa convergencia a Bolonia, el famoso Espacio Europeo de Educación Superior: hay que determinar los créditos europeos de cada asignatura, fijar los objetivos de competencias y habilidades que los alumnos deben adquirir, por ejemplo, en Curso Monográfico de Pociones —si con esta asignatura el alumno conseguirá vencer a Voldemort o a Humperdinck, o si sólo le valdrá para ensuciarse la ropa—; hay que fijar la metodología —que no es igual enseñarla en el laboratorio de conjuros que en el campo de quidditch; mucho mejor en el campo, que al final cada año el Colegio acaba pagando una pasta en reparar los destrozos de los maguitos en el laboratorio; aunque digo yo que ya podían repararlo todo con un hechizo o una poción, y se podría convalidar como créditos prácticos—.
Claro que otro problema que despachamos también es si cada asignatura se queda así, con ese nombre, o si hay que integrarla en otra asignatura, si corresponde a alguna materia básica, área temática, módulo especializado, rama de conocimiento, árbol genealógico…
El bueno de Dumbeldore se tomó la cuajada —que le encantó—, se mareó, lanzó unos fuegos artificiales muy azufrados para descargar su tensión y acabó por perder las gafas. Ah, Bolonia, Bolonia, y el bueno de Dumbeldore… Ah, este trabajo mío en el Ministerio de Educación Mágica[1].
[1] Lo de educación mágica quiere venir a significar algo así como que la educación ésta que se nos impone-implanta es cosa de brujas, pura fábula, sortilegio, ensalmo, conjuro.
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