Maravilloso error: Sábado después de comer. Hoy, pese a ser sábado, hemos madrugado mucho —los niños no distinguen horarios de semana y fin de semana; no se sabe bien por qué, si a diario hay que despertarles a las 7,30 llega el fin de semana y a las 7 ya está despiertos—. Mi hijo de tres años no quiere irse a dormir la siesta, pero yo sí —bendito sábado—, así que, maravilloso error, le propongo irme a dormir en la otra cama que hay en su cuarto. “Así ya verás qué bien dormimos, en tu cuarto los dos”.
A él le hace tanta ilusión que me empieza a contar lo contento que está, que es la primera vez que dormimos la siesta juntos, que Javier, el de su clase, nunca duerme la siesta en el cole, y la profesora siempre acaba teniendo que regañarle; me habla de los inevitables Rayo McQueen y Winnie de Pooh, del tren de juguete, que también está durmiendo porque ha sido una mañana muy dura —yo pienso para mí: dudo mucho que le estés dejando dormir con tanta cháchara—, me habla de los tigres salvajes —supongo que para él también hay tigres domésticos, que viven en casa con sus amos y se dejan acariciar como Millán, el gato de los abuelos…—, intenta que le cuente un cuento. Al principio —y al final— le escucho encantado, pero luego decido que se tiene que callar, porque si no no vamos a poder dormir nada, y por mí casi prefiero quedarme oyéndole que dormir, pero si él no duerme la siesta a las 7 no va a haber quien le aguante, y su madre me va a echar una bronca… Así que le digo: ya está, a dormir, y luego me sigues contando cosas. Pero para él luego significa inmediatamente después, así que en cuanto me callo y cierro los ojos él sigue contándome sus maravillosas historias. Le digo que se calle, que se duerma, que me deje dormir porque papi está realmente muy cansado, que su madre le va a echar la bronca, que cierre la boca, que ya está bien, que se calle de una buena vez. Y me dice: “es que no puedo hablar en silencio”.
1 comentario:
¡Este nieto-ahijado mío es un amor! Papi: cuando tenga trecey.... ya querrás que te cunte4 y dirá que a dormir. Habrá aprendido a hablar en siliencio. ¡Ya me contarás!
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