El tipo aquel se llamaba, pongamos por caso Ambrosio, y la que entonces era su novia, hoy madre de sus hijos, pongamos que Soledad. El era muy cívico, pero ya se sabe que el enamoramiento es una etapa de imbecilidad transitoria, como decía Ortega, y claro, nuestro personajillo estaba por aquel entonces locamente enamorado; o sea, que estaba hecho un pirado —actualmente ama a su mujer también con la cabeza—. Y en uno de esos típicos accesos de locura a Dios gracias transitoria, se le ocurrió reivindicar socialmente su enamoramiento, y se dirigió a una farola bien visible —sobre todo por la noche, en que aquella farola estaba bien iluminada por su propia bombilla brillando en lo alto— y pensó en poner un enorme A, un corazón y una tierna S mayúscula grande y esbelta. Pero se dijo: “Seamos modernos por una vez”, y cogiendo el rotulador puso la A, una X y la S, queriendo significar Ambrosio por Soledad. Pero no calculó que había puesto, literalmente “a por ése”, algo así como un grito incitando al linchamiento de ése, de ése que pasara por allí. A por ése, a por ése, que no escape, no le dejéis, atrapémosle y démosle su merecido.
Su pintada le pasó factura —ya dice el bueno de Sócrates que es peor cometer la injusticia que sufrirla— y hubo quien cumplió lo escrito y fue a por ése, precisamente a por ése, a por Ambrosio, y no le dejó escapar: Soledad. Ahora él está cambiando un pañal a su hijita mientras Sole da el desayuno al mayor. Le está bien empleado, por hacer gamberradas.
1 comentario:
Está bien esto. No lo había leído nunca, ya puedes perdonar. Nunca es tarde.... BHoy he leído, de momento tres o cuatro, el perfil y he intentado escuchar (?es lo mismo que lo que está escrito?? pero no puedo subir el volúmen. A ver si Jesus me lo consigue. ¡Animo, es guay!
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