Estoy haciendo un curso de primeros pasos en el cole de mi hijo. Ha empezado primero de infantil —nuestro paradójico y escolarizado preescolar—, y para que no sólo se formen los nenes nos dan este curso a los padres. Interesantísimo. Lo mejor —de momento, llevamos sólo unas pocas sesiones— es que consigue desempolvar la ilusión por educar a nuestros hijos, esa ilusión que siempre está ahí pero que a veces se adormece por los afanes y las prisas de la vida. La educación de los hijos es la tarea más entusiasmante, cansada y divertida del mundo mundial. Y nadie, ni los abuelos, ni la chacha, ni el colegio, ni el Estado, pueden sustituirnos a mi mujer y a mí. Nadie. Y nada, ni el trabajo, ni las relaciones sociales, ni las aficiones particulares, ni Fernando Alonso, puede reemplazar la felicidad inmensa de estar con mis hijos, educarlos, aprender de ellos, hacerme mejor persona con ellos, gracias a ellos.
Luego llego a casa, pongo el teletexto, que es un chisme que me encanta, y veo que van a calzarnos la serie La familia mata. Desde luego, no será la mía.
1 comentario:
hombre, matar, lo que se dice matar, pues realmente como que no; pero, de verdad, te digo mi verdad, le deja a uno para el arrastre. y si no, mira a tu alrededor y verás que viejecitos somos todos los que hemos criado algún hijo, y pasado por " primeros pasos", luego por ·primeras decisiones", "los adolescentes y sus problemas" ,"cómo educar para el tiempo libre","orientación profesional de tus hijos", el noviazgo" - éste lo hacen ellos mientras tú lo sufres- ...
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