Los clásicos hablaban de la convertibilidad de los trascendentales: la belleza es lo mismo que el bien y que la verdad, porque en realidad no son nada más que el ser visto desde diferentes ángulos, y lo que es el bien para la voluntad es la verdad para el intelecto y es la belleza para la sensibilidad.
Es lo que en los pueblos expresan perfectamente cuando ven a un niño y le dicen a su madre: “qué hermoso está”. Con hermoso están queriendo decir que está gordote, y por tanto que está sano, y que está muy guapo —lo que solemos entender por hermoso—, porque para la gente de los pueblos es evidente que si un niño está rollizo es señal de que está sano, y esa salud se nota en lo bonito que está el niño. Está guapo porque está sano, igual que el niño enfermo está necesariamente feo, tiene mala cara. Ocurre lo mismo con la palabra pulcro, que los romanos empleaban para decir belleza —el trascendental pulchrum—, y que nosotros empleamos para decir que algo es bello pero también para decir que algo está limpio, aseado, cuidado. La palabra pulcro vale tanto como decir que si vas bien arreglado vas guapo. Con conceptos así se ve claramente que la frontera entre la ética y la estética no es tajante.
Y es que la verdad y la belleza y el bien son lo mismo. Sólo depende desde dónde miremos.
Es lo que en los pueblos expresan perfectamente cuando ven a un niño y le dicen a su madre: “qué hermoso está”. Con hermoso están queriendo decir que está gordote, y por tanto que está sano, y que está muy guapo —lo que solemos entender por hermoso—, porque para la gente de los pueblos es evidente que si un niño está rollizo es señal de que está sano, y esa salud se nota en lo bonito que está el niño. Está guapo porque está sano, igual que el niño enfermo está necesariamente feo, tiene mala cara. Ocurre lo mismo con la palabra pulcro, que los romanos empleaban para decir belleza —el trascendental pulchrum—, y que nosotros empleamos para decir que algo es bello pero también para decir que algo está limpio, aseado, cuidado. La palabra pulcro vale tanto como decir que si vas bien arreglado vas guapo. Con conceptos así se ve claramente que la frontera entre la ética y la estética no es tajante.
Y es que la verdad y la belleza y el bien son lo mismo. Sólo depende desde dónde miremos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario