La transgresión en arte, hoy en día, se limita a lo sexual y a lo religioso. Hoy los genios no buscan la genialidad, la originalidad, el avance, el progreso o la vanguardia. Sólo buscan el aplauso fácil. Pan y circo, decían los romanos. Nuestra sociedad del consumo es eso: pan y aire acondicionado y paracetamol y móvil con cámara integrada, y circo, mucho circo en la tele, en la prensa, en Internet. Y para los más inquietos, los listos y listillos, los cultivados o los que han tenido la inmensa fortuna de tener unos padres comprometidos con la formación de sus hijos, circo disfrazado de arete y cultura: literatura pornográfica, exposiciones blasfemas… El artista se ha vendido a la caja registradora del consumismo, y best-seller y también la obra de culto —como se dice ahora— son totalmente planos, aceptables, acomodaticios y conformistas. El arte hoy no protesta ni abre nuevos caminos. Es terrible pero, claro, tiene sus ventajas: es mucho más fácil de hacer y da mucho más dinero…
Así que, cuando oigo hablar de vanguardia y de tendencias me echo a temblar pensando en lo más retrógrado, recalcitrante y carca. Lo menos vanguardista y genial; lo más aburrido, muerto y enterrado cual la momia de Ramsés[1].
[1] A. Machado, Proverbios y cantares, XXXVII.
Así que, cuando oigo hablar de vanguardia y de tendencias me echo a temblar pensando en lo más retrógrado, recalcitrante y carca. Lo menos vanguardista y genial; lo más aburrido, muerto y enterrado cual la momia de Ramsés[1].
[1] A. Machado, Proverbios y cantares, XXXVII.
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