jueves, 6 de diciembre de 2007

No hay mucho más

Tal vez hayas visto Viven, la película que narra la aventura de aquellos jugadores de rugby uruguayos que se quedaron perdidos en mitad de los Andes cuando el avión que los llevaba a Chile para jugar un partido se estrelló contra un pico de la cordillera. La película, como el libro, es maravillosa, y toca temas de una profundidad antropológica enorme. Al final de la película, el narrador dice: “Y no hay mucho más que contar”. No está mal la frase, como quitando importancia a una aventura tan tremenda. No hay mucho más que contar; es poco lo importante…

Un sabio profesor decía el otro día que tenemos que ser expertos en el corazón humano. Tenemos que conocer a fondo cómo somos, nosotros mismos y los seres humanos que nos rodean; tenemos que ser expertos en los anhelos y sentimientos y dolores del corazón humano; tenemos que saber bien qué es lo que ese corazón busca. Tenemos que ser hermanos de los hombres. Porque, al final —y esto ya lo digo yo—, como decía el narrador de Viven, no hay mucho más. En este mundo, en esta vida, no hay mucho más que el amor.

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