jueves, 6 de diciembre de 2007

Virtud y euroladrillos

Otra de las batallas lingüísticas que hemos perdido es la de la virtud cívica. No hay nada más clásico. La civilidad, la idea de ciudadanía, es un invento netamente clásico; es más, es uno de los grandes inventos clásicos. Si nuestra tradición no es bárbara, sino grecolatina, es, en enorme medida, por esta idea de que somos ciudadanos. Sólo desde ahí se puede articular la búsqueda del bien común o la preocupación por la educación, la famosa politeia griega.

Pero hoy, nadie habla de virtud cívica, Se oye hablar mucho de ciudadanía, pero la vieja idea de virtud, de esfuerzo y de encaminamiento hacia el bien común, está perdida. Nuestra sociedad nos impulsa a un individualismo feroz, y las estructuras de poder disfrazan sus estrategias de dominación bajo la forma de ciudadanía…

Nuestros padres, nuestros abuelos, recibieron una gran formación en urbanismo: en ciudadanía. Porque no da igual dar las gracias que no darlas cuando alguien nos sujeta una puerta. Pero hoy, cuando oímos urbanismo, automáticamente pensamos en operaciones Malaya, pufos inmobiliarios, enriquecerse fácilmente, pelotazos, bolsas de basura a reventar de euros. Virtud cívica, ciudadanía, politeia: ubi sunt, qué se fizo de ellos…

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