jueves, 6 de diciembre de 2007

Vanguardias y transgresiomes

Hoy, innovar, ser original, estar en la vanguardia del arte y de la cultura es sólo ser transgresor. Sólo la transgresión es vanguardia. Bien. Se podría decir que El Quijote, en su tiempo, era transgresor; rompía lo socialmente establecido y aceptado en su tiempo, mostrando los errores de esas costumbres. Se podría decir que el Rinoceronte de Ionesco es una obra transgresora, que Antígona es una obra transgresora, que El buscón es una obra transgresora, que El grito de Munch es una obra transgresora, que Hijos de la ira es una obra transgresora… Hay mucho de rompedor, de denuncia, de grito y puñetazo en la mesa en muchas de las grandes obras de todos los tiempos. Mucho de iniciar caminos nunca hollados, esos caminos que los timoratos, los mediocres y los establecidos no se atreven a pisar. Hay mucho de queja contra lo que está mal en el Mundo, como decía Chesterton, porque el genio se da cuenta de lo que está mal en el Mundo.

Sin embargo, la transgresión hoy en día lleva, hasta donde a mí se me alcanza, sólo un par de derroteros: lo sexual y lo religioso. Hoy en día no es transgresor denunciar lo políticamente correcto. Es transgresor mostrar públicamente el sexo, en un grado u otro, pero algo en definitiva que desgraciadamente no nos es nuevo. La otra forma de transgresión en nuestros días es la de la irreverencia, la del insulto a lo religioso, ya sea en cuanto al culto, en cuanto a los creyentes o incluso directamente contra Dios. Pero, bien mirado, esto no es ninguna verdadera transgresión. Esa una falta de sentido, una cretinez y una gran ofensa, pero no es una verdadera transgresión. No al menos en el sen5tido en que El Quijote era —y es— transgresor. Y no lo es porque insultar a la religión —la que sea— o mostrar públicamente la intimidad sexual no supone enfrentarse con nuestra sociedad, una sociedad que no valora especialmente lo religioso y que no tiene reparos en el llamado erotismo. Así, difícilmente se pueden mostrar los vicios de una sociedad, si lo único que hacemos es abundar en lo que la sociedad aplaude. Qué gran mérito.

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