jueves, 6 de diciembre de 2007

Relativos

Cada día me doy más cuenta de que los asuntos humanos son muy relativos. Evidentemente no todo puede ser relativo, porque si todo es relativo no es relativo sino una verdad absoluta que todo es relativo. Es como decir “todo es mentira”, en cuyo caso también es mentira que todo es mentira, luego es mentira que todo es mentira… Son las clásicas aporías, en las que el mero hecho de darlas por ciertas las convierten en falsas…

Sin embargo, los asuntos humanos son profundamente relativos, porque todo lo que hacemos y decimos está condicionado por nuestra parcialidad. Ortega decía que lo que yo veo depende de la posición en la que están mis ojos, y para que alguien vea lo que yo veo se tiene que poner en el lugar en que estoy yo, y por tanto yo tengo que cambiar de posición. Las cosas son como son, pero mi percepción de las cosas siempre es limitada y parcial, condicionada y a menudo errónea. En el mundo en que generalmente nos movemos, que tiene base material pero está mucho más allá de la materia, las cosas son muy relativas, porque ¿hay algo más relativo que tener números rojos en el banco? Es tan fácil argumentar una cosa y la contraria que a menudo nos resulta muy difícil saber por dónde va la verdad y más bien nos atenemos a lo que nos suena más, a lo que se parece más a nuestras ideas previas, o a lo que produce mejores resultados. Esta estrategia pragmática es bastante adecuada, porque al final sabemos de las cosas por sus efectos. Ya dice el adagio clásico que por sus frutos los conoceréis…

Pero en cualquier caso, esta dificultad para la verdad, y esta posibilidad real de alternativas válidas en que nos movemos —por qué va a ser mejor tal cosa que tal otra…— hace que nuestro mundo sea campo abonado para los sofistas. Tal vez nuestra única salida es cuidar la propia honestidad intelectual.

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