jueves, 6 de diciembre de 2007

José Luis

Me dice José Luis: “Es un alivio esto de que nos digan que cuando llegue la adolescencia nos parecerá que lo hemos hecho todo mal, pero que cuando pase podremos ver que lo que estamos sembrando ahora ha dado su fruto”. José Luis está haciendo conmigo un curso sobre la educación de los niños de 0 a 3 años. Muy sabiamente me sigue diciendo: “Me da la impresión de que nuestra tarea ahora es un poco como la de los arquitectos japoneses. Allí hay terremotos enormes, así que, cuando se sientan a diseñar un edificio, tienen que prever que habrá terremotos y que, aunque se noten mucho en las partes altas del edificio, la estructura aguantará y no se vendrá abajo. Nosotros ahora estamos educando a los niños, y tenemos que conseguir que cuando llegue el terremoto de la adolescencia, que llegará, y que pondrá a todo el edificio a dar bandazos, y que parecerá que se va venir abajo, en realidad sea sólo eso, una gran convulsión. Sí, pero que no consigue deformar la estructura, de modo que al final el edificio siga en pie, y si acaso se hayan venido abajo los cuadros que decoraban las habitaciones, pero nada más”. Un sabio, este José Luis, y un gran padre.

1 comentario:

Mamá dijo...

Yo utilizo para explicar lo mismo que hay que construir con buenos materiales en la infancia; en la adolescencia lo resquebrajan todo y ellos deben reconstruirlo. Si tienen buenos materiales su edificio será sólido, cualquiera que sea la forma que libremente quieran darle.