jueves, 6 de diciembre de 2007

Superficialidad

Si la posmodernidad es el pensamiento —por llamarlo de algún modo— de nuestros días, en este mundo nuestro del bien-estar pero mal-ser, de la tecnificación y la eugenesia, y si la posmodernidad no es más que la Modernidad en plan frívolo, parece claro cuál es el problema de esta vieja Europa nuestra: la superficialidad, la vanalidad, que viene de vano, hueco, vacío. Falta hondón, falta profundidad, falta, como diría Arguiñano, fundamento. Sólo pinta lo efímero, lo pasajero, lo inmediato; aquello que está tan a mano que casi no hay ni que extender la mano para alcanzarlo, lo que está a flor de piel, lo superfluo. Pan y circo, como la Roma decadente y próxima a la caída del Imperio… Claro, a ellos como a nosotros, les faltaba fundamento, hondura, raíces. Y ya se sabe que sin raíces no puede haber flor y fruto… Normal que en nuestros días el arte y la cultura sean reality shows y el circo de la desgracia humana.

Lo superficial no aguanta si no hay un sustrato debajo. Nuestra Europa ha perdido el sustrato, a fuerza de limitarse a la superficie. Nuestra Europa tiene los días contados.

3 comentarios:

Jesus dijo...

SOciedad del bien-estar pero del mal-ser.
Cojonudo.
Es tuyo?

Antonino González dijo...

Es mío. Es bueno ¿eh?

Jesus dijo...

Sip. Ya se lo he trasladado a mims huestes